Estaba esperando estoicamente en esa escalera, esquivando eclipses, evocando épicas ensoñaciones en esta eterna edad.
Entonces, extremadamente etérea, estaba ella. Era exquisita, era excitante. Ella era entrar en éxtasis, estar en el edén, exiliarse en el estrellato. Ella era esa encantadora estampa; escribía elegías elocuentes, entrenaba equinos en el estero, ensayaba emocionantes entonaciones.
Estaba extasiado en esa estúpida escalera, encorvado, enrojecido, embriagado en ella, estudiando en ella épocas enteras, encubriendo en ella eróticas emociones.
Eolo, envalentonado, entraba en esas enaguas, erizando esa espalda.
Ella era el ébano excitante.
Ella era el ébano excitante.
Entonces, empeñado en esa estropeada escalera, escuché estertores, era ella exclamando:
“Eres el eterno enamorado? Estuve eternamente evocándote. Ensayaba, entonaba, escribía, esperando elogiaras el esfuerzo… Entérate… estaba esperándote”

BELLISIMO
ResponderEliminarEXCELENTE TALENTO.
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